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Estado y contrapoder, por Marianella Ledesma

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15.02.2026

La Municipalidad de La Victoria prohibió abandonar vehículos, carrocerías y chatarras en las vías públicas del distrito, pero el Tribunal Constitucional (en mayoría) decidió dejar sin efecto esa prohibición. Dice que la municipalidad distrital se limita a la seguridad y ornato, pero no al parqueo vehicular; por tanto, para el TC: ¡sigamos con la chatarra y el desorden en La Victoria!

En Lima, el local comercial conducido por un ciudadano chino, amigo de José Jerí (encargado de la presidencia de la República), fue clausurado por la Municipalidad Metropolitana de Lima por algunas infracciones al interés general; sin embargo, ese mismo local, a pocos días, fue reabierto luego por mandato de Indecopi bajo el argumento de generar trabas burocráticas con las exigencias municipales.

Estos casos nos muestran a un Estado que prohíbe, por un lado, la chatarra en la vía pública, pero, a la vez, el propio Estado, a través del TC (sentencia 119/2025), dice que esa prohibición es una aberración jurídica y deja sin efecto esa orden municipal. Tenemos a un Estado que ordena el cierre de un establecimiento comercial que no reúne las condiciones de seguridad o salubridad, pero el propio Estado, a través de la entidad administrativa Indecopi, ordena que se reabra el funcionamiento del local comercial.

He citado esos casos para afirmar que no hay Estado. Vivimos en una historia paralela, donde tenemos un Estado fragmentado, parcelado y que, gracias a esos fragmentos, quien tiene y ejerce el poder suficiente puede encontrar un contrapoder dentro del propio Estado; y ello será posible porque no se tiene un Estado poderoso, unificado, profesionalizado. Tenemos simplemente fragmentos activables según intereses, que no siempre son a favor del ciudadano.

Activar estos fragmentos es una actividad casi normalizada entre los........

© La República