El poder real detrás del trono político, por Marianella Ledesma
La primera Constitución Política del Perú, que se dictó en el año 1823, afirmaba que el poder emana del pueblo y se ejerce a través de representantes. Se exigía, además, tener propiedades para no ser excluidos del ejercicio político. No es una novedad que el poder económico requiera del poder político para consolidarse; tampoco es una novedad que la élite dominante, instituciones y grupos influyentes que controlan el poder, quieran seguir conservando el establishment para que todo siga igual, pues, bajo su experiencia de vida, todo está perfecto.
En estas recientes elecciones generales, han buscado mantener el poder político; para ello se han preguntado: ¿cómo ser victoriosos en una contienda electoral con representantes políticos con poca o mínima aceptación ciudadana? Aquí algunas estrategias: a) dispersar el voto para diluir a la masa de votantes, propiciando la participación de 35 partidos políticos en la contienda; b) ampliar la oferta de escaños, de 130 a 190, repartidos en dos cámaras; y c) asumir la disputa entre dos grupos afines (Fujimori y López Aliaga), pues todo queda en familia. El plan parece haber salido muy bien para Fujimori, pues el establishment continuará. Según “Hildebrandt en sus trece” (11.05.26), el fujimorismo tendrá representación en Loreto con 890 votos, Pasco con 1688 votos, Tumbes con 1006 votos y Amazonas con 1181 votos, por citar algunos casos.
El tema central en la historia es el poder. No se trata de personas, de líderes políticos, sino de estructuras y de sistemas; por ahora aparece Keiko Fujimori como la representante del establishment económico; cuando ella no esté, vendrán otros que llegarán a cumplir la misma función, en el mismo lugar de la estructura en la que se les ubique, para aplaudir y defender el modelo económico que, desde hace casi tres décadas, mantiene al Perú bajo una economía........
