Un libro sobre la concentración
Tántalo camina eternamente a la orilla de un estanque. Tiene hambre. Tiene sed. Con su cabeza casi puede rozar las ramas de un árbol cargado de fruta madura. Estira sus manos para intentar alcanzar alguna, con desespero. La rama retrocede. Se aleja lo justo para quedar fuera de su alcance, otra vez, igual que el agu, la que se retira cuando se arrodilla para intentar beber o cuando intenta saltar para sumergirse.
El castigo de Zeus fue impecable. El “Suplicio de Tántalo” pareciera un tormento de privación eterna. Una tortura de cansancio, hambre y sed. Pero no. La maldición es otra en el........
