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Pobreza crónica, una pobreza dura que perdura, por Javier Herrera

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01.02.2026

La evolución de la pobreza es uno de los criterios centrales en la evaluación de la eficacia de las políticas públicas, no solamente de las políticas asistenciales del MIDIS sino del conjunto de políticas implementadas o dejadas de implementar por parte de los diferentes ministerios (salud, educación, vivienda, interior, por solo citar algunos). No es por casualidad que en los balances que los diferentes gobiernos presentan el 28 de julio, los logros reales o supuestos en materia de reducción de la pobreza ocupan un lugar prominente. De poco consuelo para la población es saber que las tasas de interés, la inflación, el déficit fiscal u otro indicador macroeconómico están en azul cuando los niveles de pobreza están en rojo.

Para poder decir algo sobre el impacto de las políticas públicas sobre la pobreza necesitamos comparar el antes y el después de los niveles de pobreza, tomando en cuenta los diferentes factores que la determinan. El análisis de la evolución de la pobreza requiere que el indicador de bienestar sea comparable en el tiempo, es decir, se siga una misma metodología de suerte que se pueda medir la pobreza de un año a otro con los mismos estándares.  De otro modo no sabremos si la pobreza aumentó o disminuyó porque pusimos la valla más baja o más alta o si realmente los niveles de gasto de los hogares aumentaron lo suficiente como para salir de pobreza. Una vez asegurada la comparabilidad, cuando disminuye el porcentaje de pobres, invariablemente los comentarios se focalizan en saber en cuánto aumentó (o disminuyó) el número de pobres. Aunque parece simple, no lo es pues hay que evitar la tentación de lecturas apresuradas o interpretaciones equivocadas.

Entre 2023 y 2024 el porcentaje de pobres disminuyó en -1.4 puntos porcentuales, pasando de 29.0% a 27.6%. Muchos han deducido,........

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