La nueva inquisición
Hay algo que me preocupa más que los hechos de un caso. Me preocupa lo que los hechos despiertan en nosotros como sociedad. Durante los últimos días, una denuncia contra un ciudadano extranjero acusado de abusar de un menor de edad provocó una reacción inmediata en redes sociales.
Antes de conocer pruebas, antes de escuchar todas las versiones y antes de que las autoridades terminaran de establecer lo ocurrido, miles de personas ya habían emitido una sentencia.
Esta columna no pretende absolver a nadie ni condenar a nadie. No tengo los elementos para hacerlo y tampoco es mi función. Precisamente de eso se trata. De reconocer que la mayoría de nosotros tampoco los tiene y, aun así, nos sentimos autorizados para convertirnos en jueces de ocasión.
Lo que me llamó la atención del caso no fue únicamente la gravedad de la acusación. Fue la velocidad con la que apareció la necesidad de castigar. Como si la sola existencia de una denuncia fuera suficiente para destruir una reputación, acabar con........
