San Miguel
Pocas cosas alegran tanto como la posibilidad de odiar con “justa causa”. En nuestra civilización, predominantemente cristiana, la posibilidad de esgrimir la “ira de Dios” desde el bastión de la moral y el buen gusto en que se han convertido las redes sociales es una obligación que solo entendería el buen arcángel, matador de demonios, maléficas serpientes en los antiguos mitos hebreos, dragones en sus versiones sincréticas nórdicas.
Los buenos y buenas feligreses que participan de la cotidiana conversación en internet, ahora más en Instagram que en X, ya una reconocida alcantarilla, se han convertido con fruición en la policía del cuerpo y las apariencias, listos a desenfundar la espada y atacar, a plantar su estandarte estético con gozo místico: como nunca, su propia belleza les guía, su bondad les........
