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Chiques en Ipanema

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Pasar un domingo en la famosa playa carioca es un privilegio inesperado, pues renueva la esperanza en la humanidad. Es un destello de nuestra capacidad de convivencia, evidente en las 80.000 o más personas que, solo en esta parte de la ciudad, convergen cada fin de semana para compartir, semidesnudas, un día de esparcimiento. Para muchas, también es un día de trabajo: hay decenas de vendedores ambulantes y oferta de toda clase de comida, queso asado a $30.000, cerveza en la carpa, droga susurrada y, por supuesto, las gafas. Nada falta en un espacio tan inmenso como atiborrado, donde, para completar, docenas de grupos de amigos se ubican en la línea de marea para jugar con pelotas brillantes, creando un aspecto de colonia de pingüinos o focas en actividad febril. El voleibol de playa cierra la otra frontera de........

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