En Portada: Ourense, sin paz para los difuntos
Roban el cobre de la señalización de las vías del tren. Roban el cobre de los cables de la comunicación telefónica. Y ahora roban la chatarra y el cobre de los cristos que custodian las lápidas de nuestros difuntos. Con el saqueo de 34 cristos en la noche del lunes 16 de marzo en el camposanto de San Breixo de Celanova son ya más de 60 las figuras sustraídas en solo once días si contamos los cementerios de Santa María de Fechas y San Xoán de Viveiro -también en Celanova-, el de Marabillas en Cartelle y el de San Eusebio en Coles.
Al cementerio uno va a hablarle al que emigró al país del más allá, a contarle que el hijo compró un coche o que el nieto entró en la Universidad. Detrás del robo de un crucifijo hay mucho más que un mercado que paga 10 euros el kilo de bronce y mucho menos de latón: hay un daño emocional que va infinitamente más allá que el patrimonial.
Las preguntas que les formulo son las siguientes: ¿está nuestro patrimonio rural desprotegido?, ¿cómo podemos protegerlo si cada vez hay más habitantes en el camposanto que en el censo de la aldea?
