Cuento de verano
Todo el mundo conoce el famoso “Cuento de Navidad” de Dickens, con su odioso Mr. Scrooge y los copos de nieve derramándose sobre casitas londinenses como si Londres fuera un paisaje encerrado en una bola de cristal que cobra vida al agitarla, y que desaparecerá al romperse como aquel Rosebud que añoraba siendo un anciano moribundo Ciudadano Kane.
Hay cuentos de invierno y cuentos de verano. Este periódico me pide uno de verano así que de pronto me siento como Lope de Vega: “Un soneto me manda hacer Violante / en mi vida me he visto en tal aprieto”.
Pero en fin, lo intentaré.
En los sesenta siendo yo un crío recuerdo los inviernos ourensanos cruzando un mundo helado a las ocho de la mañana con mi carterita camino del cole, y ya escribí una vez sobre eso en un libro hace tiempo. Como no me apetece escribir hoy nada nuevo lo pongo aquí tal cual y así me ahorro parte del artículo.
La clave de este truco es que a mí lo que me gusta del verano en realidad son las tormentas.
“Nací un verano de 1960 en Ourense, una pequeña ciudad del noroeste de España, un día en que el cielo pareció querer destruir la tierra. Según mi madre la peor tormenta que recuerda en toda su vida. Supongo que los dolores del parto contribuyeron a acentuar y fijar ese recuerdo en su memoria de una forma tan intensa.
El caso es que........
