Un documento de trabajo
Conviene reconocer, antes de nada, el mérito administrativo. En 2024, cuando otros ministerios se conformaban con memorandos y notas de prensa, la Oficina de Comunicación del Ministerio del Interior tuvo la iniciativa de abrir una hoja de cálculo. Ordenada, actualizada, con una columna para el nombre del periodista y otra, más ambiciosa, para su alma. No es poca cosa. Hay departamentos del Estado que llevan una legislatura entera sin renovar el parque de impresoras.
El documento, se nos ha explicado, era “de trabajo”. La expresión tranquiliza. Nadie se alarma por el trabajo; uno se alarma por el ocio, por la afición, por el capricho. Que un funcionario dedicara parte de su jornada laboral a anotar si tal tertuliano era “alineado con posiciones de derechas” tiene, en efecto, mucho de laborioso y muy poco de siniestro. Es, como quien dice, funcionarial.
La portavoz del Gobierno compareció después del Consejo de Ministros con la seriedad de quien va a anunciar una subida del IVA y termina hablando de un lanzallamas. Explicó, con el rostro compuesto de quien ha ensayado la frase en el ascensor, que el objetivo del fichero no era censurar. Censurar,........
