La enésima trampa fiscal
La ilusión fiscal es una de las artes más refinadas del poder. Consiste en lograr que el ciudadano aplauda agradecido porque el Estado le devuelve durante unas semanas una pequeña parte de lo que le va a quitar. No es una rebaja. Es una representación. Es una maniobra. Y en España este Gobierno ha perfeccionado ese teatro con una soltura admirable.
Lo estamos viendo con la electricidad. En marzo, en medio del ruido geopolítico de Oriente Medio y con el nerviosismo de los precios convertido en problema político, el Ejecutivo aprobó una rebaja del IVA y del Impuesto Especial sobre la Electricidad. Se anunció con el entusiasmo habitual, como si de pronto el Gobierno hubiera descubierto que cargar fiscalmente un bien básico no era precisamente una muestra de sensibilidad social. Durante unos días se construyó el relato para invitarnos a creer que el poder estaba del lado de los ciudadanos.
Pero no se engañen. No se trataba de eso. No se trataba de asumir que las familias pagan demasiado. No se trataba de reconocer que la electricidad no puede seguir siendo una mina recaudatoria disfrazada de política pública. Se trataba de apagar un incendio político. Y, como casi siempre, la trampa estaba en la letra pequeña.
Porque........
