¿Qué pasa con la vivienda?
Hay problemas que se agravan porque se describen, intencionadamente, mal. La vivienda en España es uno de ellos. Nos repiten hasta la saciedad que los grandes enemigos son los “especuladores”, los “rentistas” o el propietario con varios pisos. Es un relato muy útil políticamente, porque convierte una escasez creada durante años en una batalla moral entre buenos y malos. Pero el problema de la vivienda en España no es moral. Es físico. Faltan casas.
Ésa es la primera verdad incómoda. Si en una localidad hay cien familias buscando piso y sólo hay sesenta disponibles, el drama no se resuelve con un decreto, un eslogan ni una campaña de demonización. Se resuelve aumentando la oferta. Todo lo demás es maquillaje ideológico. O, peor aún, una manera de repartir la escasez sin eliminarla.
Aquí está la trampa central. Cuando se interviene el precio del alquiler, no aparecen más viviendas. La escasez sigue siendo exactamente la misma. Podrás bajar el precio por real decreto, pero aun así habrá cuarenta familias sin vivienda, porque solo hay sesenta disponibles. Lo único que cambia es el criterio de selección. En lugar de asignarse por precio, los pisos pasan a asignarse por otros filtros, generalmente más arbitrarios, desde la solvencia obsesivamente examinada hasta los contactos, las preferencias personales del casero o la simple desconfianza preventiva. Dicho de otro modo, el intervencionismo no crea oferta, sólo cambia el orden de la cola y decide quién se queda fuera.
Por eso resulta tan grotesco escuchar propuestas como prohibir comprar más de una vivienda o perseguir al pequeño propietario como si fuese el origen del........
