¿Qué pasa con la nuclear de Almaraz?
Hay decisiones políticas que envejecen muy mal. La política energética española, en general, y el calendario de cierre de las centrales nucleares, en particular, son dos buenos ejemplos. Lo que hace apenas unos años se vendió como un acuerdo ejemplar con las compañías eléctricas esconde demasiados claroscuros y hoy aparece como un artefacto político incapaz de resistir el contraste con la realidad.
Para comprender la realidad del asunto, permítanme narrarles la secuencia de los hechos, porque la memoria suele ser el primer daño colateral del populismo político. En junio de 2018 llegó al poder un Gobierno que llevaba el cierre de las centrales nucleares en su programa electoral. Menos de un año después, en marzo de 2019, la empresa pública Enresa (encargada, entre otras cosas, del desmantelamiento de las centrales nucleares y la gestión de sus residuos radiactivos) firmaba con las empresas propietarias de las centrales un “acuerdo” que fijaba un calendario de clausura del parque nuclear español. Y entrecomillo lo de acuerdo, porque se nos presentó como un gran consenso lo que no fue más que una burda coacción orquestada desde el ministerio de una de las personas más siniestras y sectarias de aquel Gobierno, Teresa Ribera.
Como comprenderán, cuesta llamar acuerdo a una negociación en la que una de las........
