La mentira, peligrosa arma
Lo preocupante no es la corrupción. Lo verdaderamente alarmante es que ya casi no provoca nada. Ni rabia sostenida, ni reacción colectiva, ni consecuencias políticas proporcionales. Apenas un murmullo, un par de días de titulares y, después, silencio. Como si todo formara parte de un guion asumido. Como si hubiéramos interiorizado que este es el precio inevitable de vivir en sociedad.
España lleva años instalada en un bucle de escándalos que ya no escandalizan. El Caso Gürtel marcó un antes y un después, pero no en el sentido que cabría esperar. No regeneró el sistema: lo acostumbró a convivir con su propia degradación. Desde entonces, cada nuevo caso no ha hecho más que confirmar una sospecha cada vez más extendida: aquí no pasa nada.
Ahí están episodios recientes como el llamado caso Koldo, con Koldo García en el centro de una trama de comisiones y contratos públicos bajo sospecha. O las salpicaduras políticas que alcanzan a figuras como Santos Cerdán, cuya proximidad al poder convierte cualquier sombra en un problema de primer nivel. Y en paralelo, los........
