Demos la bienvenida a Armenia
La cumbre de la Comunidad Política Europea que se ha celebrado esta semana en Ereván ofrece una imagen de enorme valor simbólico: Armenia, un país que durante décadas estuvo atrapado en la órbita soviética, y después en la de la Rusia oligárquica de Vladimir Putin, quiere respirar el aire que le llega desde Occidente. No es un gesto menor ni una simple maniobra diplomática. Es una corrección histórica que deshace el rumbo antinatural que se había impuesto a ese país europeo. Nikol Pashinián, primer ministro desde la Revolución de Terciopelo de 2018, ha entendido algo que algunos aún se resisten a aceptar: el partenariado con Rusia no es una garantía de seguridad, sino de sumisión. Moscú proyecta siempre una amenaza para la soberanía de sus aliados y vecinos, ya sea porque los quiera invadir o porque no se ocupe de su defensa. Armenia aprendió esto último de la forma más amarga. Durante la guerra con Azerbaiyán y, sobre todo, en la caída definitiva del enclave del Alto Karabaj en 2023, Moscú dejó en la estacada a un país que formalmente era su aliado. La Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (la “OTAN de Rusia”) resultó ser papel mojado. Así que cuando se nos pone en duda la efectividad real del famoso artículo 5 del Tratado de Washington, hay que recordar el flagrante........
