Cuando la tecnología deja de notarse
El otro día pagué un café en una terraza del centro de Ourense acercando el móvil al datáfono. Tardó menos de dos segundos. El camarero no llegó a mirar la pantalla, yo tampoco, y la conversación siguió donde estaba. Hace quince años aquello era una demostración de congreso, con su ponente, su pantalla gigante y su aplauso al final. Hoy solo existe cuando falla.
Esa es una de las paradojas que más me he encontrado en veintidós años dirigiendo una empresa de tecnología: juzgamos lo que se ve, y lo que de verdad sostiene un negocio es precisamente aquello que ha dejado de verse. Cuando un sistema funciona muy bien, se convierte en fontanería. Y a la fontanería no se le hacen presentaciones.
En los comités se presenta lo nuevo. Nadie levanta la mano para contar que el sistema de pedidos lleva tres años sin dar un solo susto, aunque probablemente sea la mejor noticia de toda la carpeta. Y el presupuesto va detrás de la atención: siempre hay dinero para el piloto vistoso y falta para la integración aburrida que sostiene la........
