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La verdad sobre el turismo rural

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14.08.2026

El campo tiene algo que nos fascina. Probablemente sea el licor café. El turismo rural sigue siendo un oasis de buen gusto para quienes detestan el turismo masificado que representan las playas del Mediterráneo. Galicia y Asturias son dos de los lugares donde mejor se ha asentado, aunque ya te lo puedes encontrar hasta en las afueras de un polígono industrial de San Sebastián de los Reyes. Aunque es un turismo multicolor, hay algunos clichés que se repiten y conocerlos te evitará arruinar tus bucólicas vacaciones.

Lo rural no alude al campo, sino a la vida del campo y –esto es importante- a sus labores y habitantes. No es un decorado. En el campo hay cosas que pican, gente con costumbres muy diferentes a la ciudad, y animales que no huelen exactamente igual que el aroma que desprenden las películas de Disney. El primer error de los turistas de ciudad que se echan al campo es filosófico: a menudo se sorprenden de que las cosas de la naturaleza sigan, eso, su naturaleza. Si vas a protestar por aromas, por los bichos, o porque el vecino comienza a las seis de la mañana a podar con una máquina que suena como una Harley Davidson, es mejor que hagas un crucero de lujo, y protestes por los aromas de los vecinos, las mordeduras de las ratas, y por el reguetón hasta las seis de la mañana del vecino de camarote. No todo el mundo está preparado para despertarse con el mordisco de un burro.

A la hora de buscar un alojamiento rural, procura que tenga casa. No es habitual, pero he visto a tipos ganando una fortuna vendiendo a turistas urbanitas una “experiencia campestre llena de aventuras” consistente en dormir al raso en un prado compartido con vacas y ovejas. La casa rural,........

© La Región