La bola negra
La cola era inmensa. Se retorcía como una culebra revoltosa entre el McDonald’s, la sala de juegos y la entrada del cine. Sin edad.
Deliberamos con velocidad asombrosa que sería mejor adquirir el menú grande, que la diferencia con el pequeño era un euro. Que trabajamos a diario para darnos ciertos lujos. Como un bol de palomitas rebosante que no se termina en el segundo tráiler. Victorias cotidianas de clase obrera.
Paula iba de negro. Azar o casualidad, nunca lo sabré.
Los asientos eran los de siempre; cómodos durante los primeros treinta minutos. Insoportables el resto del tiempo. Los escogimos a nuestro propio criterio, cerca del pasillo, por el ataque de los pises.
Él se sentó a mí lado, justo en el hueco donde suelen acomodarse las desgracias que incordian la........
