Un necesario ajuste de cuentas
Pocas carreras literarias y vitales han sufrido un derrumbe tan estrepitoso como la de Oscar Wilde. Es la primavera de 1895 en Londres, y fuera de las tormentas sentimentales que agitan sus días, nada parece prefigurar la catástrofe que se avecina.
Wilde lee en los periódicos que la casa de William Heinemann acaba de imprimir “La máquina del tiempo” de H. G. Wells; que al otro lado del Canal de la Mancha los hermanos Lumière corrigen los últimos desperfectos técnicos de su cinematógrafo, y que en la lejana Cuba, ha estallado una insurrección contra España que ya se ha cobrado varios centenares de muertos.
Wilde está en el momento más alto de su carrera: en los teatros del West End arrasan “Un marido ideal” y “La importancia de llamarse Ernesto”. El autor de “El retrato de Dorian Gray” está casado, tiene dos........
