Veinte días
Veinte días. Eso es lo que ha tardado el memorándum entre Washington y Teherán en pasar de promesa histórica a ejercicio de ficción diplomática. No está formalmente muerto —nadie ha firmado su acta de defunción— pero ha entrado en esa fase peor que la muerte: el incumplimiento armado, la mentira sostenida por pura inercia.
El escenario es el de siempre: Ormuz. Esta madrugada tres buques comerciales fueron atacados en un arco que va de Musandam a Jor Fakkan, rozando las aguas omaníes que Washington promovía como ruta alternativa al corredor que Irán quiere controlar. No se trata de una casualidad geográfica, son estrictamente las coordenadas de la nueva geopolítica. Teherán no busca cerrar el estrecho —lo necesita abierto tanto como sus vecinos— sino........
