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Expediente Irán: ángulo militar-estratégico

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03.03.2026

A cuatro días de iniciado el conflicto, la pregunta que más inquieta a los ciudadanos ya no es si el choque es grave, sino si ha cruzado el umbral que transforma una guerra regional en una guerra global.

Conviene precisar: un conflicto mundial no se define por el volumen de fuego, sino por la alineación de potencias, la extensión geográfica de los teatros de operación y la activación de compromisos formales de defensa que arrastren a terceros. Hoy, vemos participación directa de actores mayores, presión simultánea sobre rutas energéticas críticas y un Consejo de Seguridad dividido e incapacitado.

Todavía no vemos la formalización de bloques militares en guerra abierta entre sí. Pero la línea es delgada. Si el conflicto deja de ser una campaña de degradación limitada y se convierte en un enfrentamiento sostenido entre alianzas consolidadas, el carácter del choque cambiará de nombre.

Irán: un cálculo arriesgado

En el plano operativo, Estados Unidos sostiene que su prioridad ha sido degradar el mando y control del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC), así como defensas aéreas, lanzadores de misiles y drones y aeródromos; asegura, además, haber repelido cientos de ataques entrantes. Israel reporta oleadas continuas, golpes a lanzadores en el oeste y ataques “en el corazón de Teherán”.

El mar, por su parte, ya asume los costos: al menos 150 tanqueros fondeados y decenas inmóviles en torno al estrecho de Ormuz. El United Kingdom Maritime Trade Operations (UKMTO) advierte interferencias en los sistemas de navegación y localización —GNSS (Sistema de Identificación Automática) y AIS (Automatic Identification System)— y eleva el riesgo de misidentification (identificación errónea). Precisa que no existe cierre formal notificado a través de NAVAREA (avisos internacionales de navegación) ni de la Organización Marítima Internacional (IMO), y que avisos por radio VHF no equivalen a una suspensión legal del tránsito conforme a la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (UNCLOS).

El mercado asegurador confirma la reprecificación: aseguradoras y clubes P&I (Protection and Indemnity) anuncian cancelaciones o exclusiones de cobertura por riesgo de guerra (war risk) en aguas iraníes y del Golfo. El Organismo Internacional de Energía Atómica (IAEA) afirma no ver, por ahora, evidencia de impacto radiológico. Y en el Consejo de Seguridad, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) pidió un cese inmediato y el retorno a negociaciones, sin resultados visibles.

En el plano tecnológico, el conflicto exhibe una combinación armamentista de última generación: misiles hipersónicos iraníes —como el Fattah-2, diseñado para maniobrar en fase terminal y complicar la intercepción—, salvas coordinadas de misiles balísticos y drones de largo alcance; del lado israelí y estadounidense, municiones guiadas de precisión de penetración profunda, ataques stand-off lanzados desde fuera del espacio aéreo disputado y empleo intensivo de sistemas antimisiles multicapa (Arrow, David’s Sling, Iron Dome y baterías estadounidenses) para interceptación exoatmosférica y endoatmosférica.

Las interferencias en el GNSS/AIS (Sistema Global de Navegación por Satélite) significan que las señales están siendo bloqueadas (jamming), y falseadas para alterar la ubicación real (spoofing) o simplemente interrumpidas, con pérdida de transmisión. Esto degrada la navegación y eleva el riesgo de errores de identificación en una zona en conflicto. Más que armas aisladas, lo que se prueba es la integración en tiempo real de precisión, velocidad hipersónica y defensa antimisiles.

Señales vs. ruido. Hoy, las redes amplificaron una falsedad: que había muerto el primer ministro Benjamín Netanyahu. La estrategia de espejo —copiar el golpe para confundir— exhibe a la propaganda en su versión más degradada.

Otro caso grave de atropellamiento


© La Razón