Saqueadora fiscal y lanzadora de bulos
María Jesús Montero ya es historia en la política española, y su ocaso y subsiguiente descenso a los infiernos como personaje público tiene dos grandes responsables: su admirado Pedro Sánchez y ella misma. El primero decidió hace meses por decreto enviarla a encabezar el partido en las elecciones andaluzas, lo que equivale a decir que la mandó directamente al matadero, porque la comunidad sabe de sobra lo que hizo en su etapa de consejera de Salud y de Hacienda, y porque conoce también lo que ha hecho Juanma Moreno. Obviamente, no hay color. Bajo el mandato del dirigente popular, Andalucía ha salido del fango y se erige como un territorio emergente y pujante. Con ella, Andalucía era la región de los ERES fraudulentos, las algaradas espontáneas protagonizadas por los ciudadanos contra su gestión sanitaria, los despidos de miles de médicos y enfermeras, y los chiringuitos creados para recolocar a afines, aduladores y paniaguados con carnet del PSOE. No es extraño que las encuestas otorguen al PSOE el peor resultado de su historia en los comicios con ella al frente. De confirmarse, su destino será el mismo que el de Pilar Alegría: el del anonimato y la irrelevancia más absoluta, un espacio del que no debió salir nunca si nos atenemos a sus logros como gestora, que han sido siempre nulos. Seguí de cerca las andanzas de esta médico en su etapa como consejera de Salud. Andalucía era la comunidad que menos invertía por paciente y la que peores listas de espera registraba. De hecho, llegó a duplicarlas, ocultando de paso a cerca de 500.000 enfermos en los datos oficiales. Mientras pregonaba su supuesta defensa de la sanidad pública, los centros de salud y los hospitales languidecían, los sanitarios estaban hartos y los pacientes aguantaban desesperados a que les llamaran para una consulta o una cirugía. La suya fue una sanidad a la cubana que no empeoró más porque dio el salto de departamento. Sus polémicas subastas de medicamentos inundaron las farmacias de productos producidos en Asia bajo la peregrina justificación del ahorro presupuestario. ¿Dónde fue a parar aquel dinero? Nadie lo sabe porque la Sanidad no mostró mejora alguna, sino todo lo contrario. Su paso por el Gobierno ha sido, si cabe, aún peor. Con ella a los mandos de la Hacienda pública España ha batido todos los récords de impuestos. Alrededor de cien alzas y nuevas figuras impositivas que mayoritariamente llevan su firma asfixian hoy a las clases medias sin que tampoco se vea reflejo alguno de ello en los servicios públicos, porque la sanidad está muy deteriorada, los trenes funcionan peor que nunca, las carreteras están llenas de baches y la educación y la atención a la dependencia suspenden y no responden a las necesidades de sus benefactores. Su departamento está además bajo el foco de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil por las presuntas mordidas a cambio de archivar pleitos fiscales que cobraba alguno de sus subalternos. No deben olvidar tampoco los electores andaluces que estando en el Gobierno, Montero ha sido una de las más firmes defensoras de la financiación extra para Cataluña que Sánchez prometió a los nacionalistas a cambio de su voto, un dinero que no verán en Málaga, Córdoba, Jaén y el resto de las provincias. Eso se termina pagando. Ahora, la ya exministra se dedica a la desesperada a lanzar bulos, tarea en la que es experta, como el del copago sanitario que ultima Moreno. Otra mentira más de una lista interminable.
