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Formar demócratas para refundar el Estado I Opinión

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26.04.2026

Formar demócratas para refundar el Estado I Opinión

por Rafael Marrón González 25/04/2026, 10:55 PM

Un solo alumno con consciencia democrática formada bajo esa «pedagogía de la autoridad» tiene más fuerza política que mil votos cautivos.

Rafael Marrón González

El descuido del período democrático en Venezuela fue no formar demócratas. Rómulo Betancourt aconsejó a su partido dejar las universidades a la izquierda y los sindicatos para ellos. Y de las universidades salieron los enemigos de la democracia, por la falacia de autoridad, que atacaron furiosamente los primeros 15 años del período constitucional de la democracia liberal, con las banderas de un monstruoso criminal caribeño.

Se perdieron recursos, años y al final, aunque derrotados militarmente, sus banderas ganaron. Cumplieron su misión. Lograron imponer una narrativa destructiva, sorda a las voces que en su momento alertaban del peligro. Casandra rediviva. 

Triunfaron electoralmente para fracasar como es su destino manifiesto. Pero en el ínterin, incineraron el país, obligaron a emigrar tres generaciones de profesionales de primera línea y destruyeron las esperanzas de la generación emergente.   

Con ese bagaje de experiencias a cuestas, hay que pensar en refundar el estado, pero imponiendo la consciencia democrática en la educación, que como paradoja, no puede ser democrática.

Esta es una de las paradojas más profundas y honestas de la pedagogía política. La formación del ciudadano no puede ser un proceso democrático porque la democracia es un ejercicio de madurez, no un estado natural.

Para que un individuo pueda participar en un pacto democrático, primero debe ser «moldeado» en los valores que lo sostienen, y ese moldeado requiere una autoridad académica y moral que no se somete a votación.

La educación, por su propia naturaleza, es jerárquica. Si se democratiza el aula al punto de que la verdad o el método científico se someten al consenso de quienes aún no saben, el conocimiento se disuelve.

La universidad, que es un asunto de profesores, comenzó su debacle moral y ética en el momento en el que la demagogia permitió que alumnos y personal laboral tuviera derecho a voto para elegir sus autoridades. Entonces se corrompieron sus cimientos.

La educación para cumplir su misión debe ser:

Dogmática en los valores: No se puede «votar» si los Derechos Humanos son válidos o si la división de poderes es necesaria; se deben enseñar como pilares civilizatorios incuestionables.

Exigente en el mérito: La democracia técnica prospera en la mediocridad. Una educación republicana debe imponer la excelencia como un deber ciudadano, no como una opción.

Vertical en la transmisión de la historia: Sin una guía clara y rigurosa —lejos del mito político—, el estudiante no hereda una nación, sino un panfleto.

Esa educación logrará pasar del «Estado de Partidos» al «Estado de Ciudadanos»

Refundar el Estado bajo esta premisa implica entender que la democracia no empieza en la urna, sino en el carácter. Si el Estado solo es una estructura técnica de distribución de recursos, siempre será capturado por el populismo. Por los peores.

La creación de un sistema donde la educación tiene como fin último la libertad del individuo a través del conocimiento, pero ese camino hacia la libertad se recorre bajo una disciplina que no es negociable. Similar a la Paideia griega o al ideal ilustrado

La paradoja final es que se necesita una autoridad intelectual firme para proteger una sociedad donde todos tengan voz. Sin esa base educacional rígida, la «consciencia democrática» es solo un eslogan que el primer demagogo de turno puede manipular.

Es una tarea generacional que es, de por sí, un acto de rebelión contra la inmediatez de la «democracia técnica» que busca resultados para la próxima elección.

Esa labor de siembra, aunque ardua, se sostiene sobre tres pilares que la hacen posible:

La persistencia del testimonio:

Cuando el Estado falla, la verdad se refugia en los libros, en la historia y en la investigación rigurosa. Porque es incierto que la historia la escriben los vencedores, la escriben los investigadores.

La naturaleza del vacío: Las estructuras basadas únicamente en la técnica y el control terminan por colapsar bajo su propia ineficiencia y falta de propósito moral. En ese vacío, la sociedad tiende a buscar desesperadamente aquello que la educación «no democrática» debió darle: orden, valores y sentido de pertenencia.

El poder del ejemplo: Basta una minoría con consciencia democrática sólida........

© La Razón