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ESSA, la batalla de la productividad y aranceles

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La paraestatal Exportadora de Sal es propietaria de las 80,500 hectáreas de la salina de origen marino más grande del mundo, ubicada dentro de la espectacular reserva de la biosfera de El Vizcaíno —patrimonio natural de la humanidad— y para este año la nueva administración bajo las instrucciones de Marcelo Ebrard en la Secretaría de Economía se propone en 2025 dos metas ambiciosas pero no imposibles: alcanzar nuevamente una producción de 7.5 millones de toneladas y colocar a precio redituable una de las sales certificadas de mayor pureza a nivel internacional y que resulta esencial para la gran mayoría de los procesos químicos y petroquímicos de la industria manufacturera y de servicios.

Durante largos años el “socio ganancioso” fue la japonesa Mitsubishi que con su 49% de acciones en ESSA —y de manera solapada por funcionarios intermedios e incluso líderes sindicales— compraba de manera exclusiva las cosechas por debajo de su costo de producción para luego revenderla a mayor precio y/o refinarla para multiplicar exponencialmente el valor.

Conocedores de su operación fraudulenta, el año pasado la compañía encabezada por Ken Kobayashi aceptó sin aspavientos la indemnización de sólo 75 millones de dólares con que fue expropiada su participación accionaria. Tontamente la administración mexicana que tomó la dirección de la paraestatal, a cargo de Carlos Patterson, sólo administró el desastre por meses: sin plan comercial que atajara el boicot emprendido por Mitsubishi........

© La Razón