«Quien a buen árbol se arrima...»
Bien conocido el refrán que relaciona el buen árbol con el cobijo de una sombra. Tiene una lectura muy actual, aunque los romanos ya nos lo advirtieron: «Adhaerens potente, adversitatem non timet» (Unido al poderoso, no temas la adversidad). Encontramos semejante sentencia en el esplendor de las letras de nuestro Siglo de Oro, tanto en Cervantes y en el desconocido autor del Lazarillo de Tormes (1554) (1), como en la obra de Mateo Alemán sobre la «Vida del pícaro Guzmán de Alfarache», publicada en dos partes entre 1599 y 1604. Recoge estos dichos populares el libro de refranes que publicó Mosén Pedro Vallés en 1549 con alguna variante como: «Quien no tiene padrino, no se bautiza». Los ingleses utilizan el símil: «It’s not what you know, but who you know» (Mejor que tus conocimientos, tus contactos).
Me detengo en la vida de Guzmán de Alfarache, novela «best seller» de su tiempo, en la que un pícaro arrepentido reflexiona, desde lo que llama «la atalaya de la vida», que es la cárcel, sobre moral, honor y salvación, contemplando su pasado desde el desengaño. Se adentra en la dicotomía entre pecado y gracia, la crítica social y la hipocresía, la búsqueda........
