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Telefónica vende su operación en México a OXIO por 450 millones de dólares

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La española Telefónica concretó un paso clave en su estrategia global de desinversión al acordar la venta de su operación en México a un consorcio integrado por OXIO y Newfoundland Capital Management, en una transacción valuada en aproximadamente 450 millones de dólares que contempla la adquisición del 100% del capital social de Pegaso PCS y Celular de Telefonía, empresas que operan bajo la marca Movistar.

La operación, que aún está sujeta a la obtención de autorizaciones regulatorias, se enmarca en la política de gestión de cartera de activos del grupo español y en su decisión de abandonar mercados de Hispanoamérica para concentrarse en geografías consideradas estratégicas, particularmente en Europa. Este movimiento no es aislado, sino parte de un proceso más amplio de reorganización internacional orientado a reducir deuda, optimizar su estructura y enfocar recursos en negocios con mayor rentabilidad y escala.

El acuerdo se da en un momento particularmente interesante desde el punto de vista jurídico y financiero, luego de que la Suprema Corte de Justicia de la Nación dejara firme la cancelación de un crédito fiscal por 4 mil 442 millones de pesos que el Servicio de Administración Tributaria había determinado desde 2019 a Pegaso PCS, filial mexicana de Telefónica. La resolución, derivada del desechamiento del recurso de revisión promovido por la Secretaría de Hacienda por falta de legitimación, elimina de manera definitiva un adeudo relacionado con el Impuesto sobre la Renta correspondiente al ejercicio 2015, originado en una fusión realizada en 2014. Este litigio representaba una de las contingencias fiscales más relevantes para la operación en México y había sido un factor determinante en la percepción de riesgo por parte de potenciales compradores, quienes no estaban dispuestos a asumir ese pasivo dentro de una eventual adquisición. Su eliminación no sólo mejora de forma sustancial la valuación del negocio, sino que también aporta certidumbre jurídica, facilita las condiciones de negociación y acelera los tiempos para concretar la transacción.

Durante los últimos años, la operación mexicana de Telefónica había estado en el radar de diversos interesados, en un momento de consolidación del sector, nuevos actores móviles virtuales, y búsqueda de eficiencias. Entre los nombres que circularon en el mercado se encuentran Beyond ONE, propietario de Virgin Mobile en México, que exploró opciones para fortalecer su presencia en el país; América Móvil, que habría evaluado activos específicos bajo una lógica estratégica; y AT&T México, con interés en determinados segmentos del negocio. A estos se sumaron fondos internacionales de infraestructura y capital privado especializados en telecomunicaciones, así como la posibilidad de que se estructuraran ofertas conjuntas entre operadores regionales y consorcios financieros. Sin embargo, ninguno de estos acercamientos logró materializarse en un acuerdo, en gran medida por diferencias en las expectativas de valuación de Telefónica, que no estaba dispuesta a ajustar significativamente el precio de un activo que, aunque no estratégico, seguía teniendo relevancia operativa.

La operación de Telefónica en México reflejaba un proceso de ajuste interno enfocado en la rentabilidad más que en el crecimiento. Bajo la dirección de Camilo Aya, la compañía logró un crecimiento de 71.4 por ciento en su EBITDA durante el cuarto trimestre de 2025, impulsado por una fuerte contención de gastos y eficiencias operativas. No obstante, este desempeño contrastó con una caída de 8.3 por ciento en ingresos en el mismo periodo, evidenciando presiones estructurales en su modelo comercial, particularmente asociadas a la menor venta de equipos. Este comportamiento refleja una estrategia centrada en sanear finanzas y optimizar operaciones, más que en expandir su base de negocio, en línea con la decisión corporativa de reducir exposición en mercados no prioritarios.

La entrada de OXIO dentro del consorcio comprador introduce un elemento distintivo en la transacción. Se trata de una empresa fundada en 2018 por Nicolas Girard, Camilo Forero y Andrés Cuevas, que ha desarrollado un modelo basado en Telecom-as-a-Service, mediante el cual permite a empresas no tradicionales como fintechs, retailers o plataformas digitales, lanzando servicios de telefonía móvil bajo esquemas de marca blanca sin necesidad de convertirse en operadores. Su propuesta se basa en una plataforma en la nube que integra capacidades de conectividad, gestión de usuarios y analítica, funcionando como un habilitador tecnológico dentro del ecosistema telecom.

El modelo de negocio de OXIO se sustenta en ingresos B2B a través de suscripciones tecnológicas, consumo de red y servicios de valor agregado como analítica y gestión de clientes, lo que le permite monetizar no sólo la conectividad, sino también el uso de datos. Entre sus clientes se encuentran empresas como Grupo Bimbo, Grupo Coppel, entre otras que utilizan su infraestructura para ofrecer servicios móviles a sus propios usuarios. A diferencia de los operadores tradicionales, OXIO opera bajo un enfoque asset light, es decir, sin invertir en infraestructura física como antenas o redes, apoyándose en acuerdos con operadores existentes para ofrecer cobertura, lo que reduce significativamente sus costos de capital y le permite escalar con mayor rapidez.

La compañía ha logrado posicionarse gracias al respaldo de capital de fondos como SoftBank, Monashees y Atlantico, consolidando su presencia en mercados de América Latina y desarrollando un enfoque centrado en la digitalización de servicios móviles. Su participación en la adquisición de los activos de Telefónica en México representa un paso relevante en su evolución, al combinar su plataforma tecnológica con una operación de escala nacional que incluye base de usuarios, canales comerciales y posicionamiento de marca.

Ya decíamos el mercado mexicano de telecomunicaciones atraviesa una etapa de reconfiguración, incluso por una nueva oficina supervisora federal de telecomunicaciones, pero además un negocio marcado por presiones competitivas, cambios en hábitos de consumo y la necesidad de optimizar modelos de negocio. Y a todo esto anótele lo que vendrá con las negociaciones del T-MEC. La salida de Telefónica, sumada a la entrada de nuevos esquemas operativos como el de OXIO, refleja una transición hacia estructuras menos intensivas en infraestructura y más orientadas ­al aprovechamiento de datos, alianzas estratégicas y servicios digitales.


© La Razón