¿Peronizar a León XIV?
Ya pasaron unos días del ajetreo entre Donald Trump y León XIV. La pelea bajó de volumen, como bajan casi todas las tormentas cuando el ciclo de noticias encuentra otro juguete. Pero algo quedó sobrevolando. O, mejor dicho, algo se está gestando: la necesidad de encasillar al nuevo Papa justo cuando sus primeros gestos empiezan a ser demasiado concretos para pasar inadvertidos.
Porque León XIV no parece dispuesto a entrar en el barro de Trump. Tampoco a regalarle silencio. Sus señales iniciales ya dibujan una orientación reconocible: continuidad con Francisco, reivindicación de la doctrina social de la Iglesia, defensa de la paz y una distancia evidente frente a los liderazgos que confunden poder con providencia. No es una deriva partidaria. Es, sencillamente, una gramática papal. Pero en estos tiempos eso alcanza para activar todas las alarmas.
Ahí empieza la operación más conocida: si no se puede ignorar al Papa, entonces hay que explicarlo. Reducirlo. Traducirlo al idioma de la trinchera. Trump ya había insinuado que León XIV habría sido elegido por ser estadounidense y porque esa era «la mejor manera» de lidiar con él. Traducido: no sería un Papa universal, sino una pieza armada para condicionarlo. Y así nace la caricatura útil: la del pontífice «de izquierda», heredero programado de Francisco, casi un Francisco II con sotana nueva.
Pero León XIV ha dicho algo bastante más simple y bastante más peligroso para ciertos reflejos conservadores: quiere continuar el camino........
