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Recordando a César Ichikawa

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Veinte años después de concluida la Segunda Guerra Mundial, Japón logró reconstruirse y recuperar el sitial de gran nación que había perdido tras la devastación bélica. En el Perú, las heridas infligidas a los nikkeis y japoneses residentes -víctimas de abusos e intolerancia durante aquellos años- empezaron lentamente a sanar.

Muchos fueron deportados; incluso existió un campo de concentración en Huacho. Décadas más tarde, un presidente ofreció disculpas públicas a la comunidad japonesa por tan lamentable episodio. Sus bienes fueron confiscados, olvidando que se trataba de una colonia que había aportado mucho al país. Con el tiempo, los descendientes siguieron contribuyendo con su cultura, su capacidad empresarial y, sobre todo, con su amor por la tierra que les brindó una nueva oportunidad.

Un ejemplo emblemático de esa integración fue el cantante César Ichikawa, quien un año después de la formación del célebre grupo musical Los Doltons se incorporó como primera voz, reemplazando al gran Gerardo Manuel.

Los Doltons no solo fueron uno de los grupos más importantes de los años sesenta, sino que lograron interpretar el sentir de toda una juventud. Los recuerdo porque en el edificio donde vivía, una vecina solía poner sus discos a todo volumen, y esa influencia la viví también a través de mis hermanos mayores. Su discografía es vasta, pero basta mencionar títulos como El último beso, La ventana, Nadie te quiere ya, Recuerdos en la lluvia y Visión de otoño, muchos de ellos versiones que el grupo convirtió en verdaderos clásicos populares.

Lo que hoy deseo destacar es que César Ichikawa, dos décadas después, se convirtió en un auténtico embajador de la colonia nikkei en el Perú. Con sus interpretaciones logró ser un factor de unidad entre un país que no había sido justo y una comunidad que había sufrido los embates de una dolorosa coyuntura.

Recuerdo haber asistido a un evento en el Centro Cultural Peruano-Japonés, probablemente con motivo de los 50 años de las grandes interpretaciones de Ichikawa. El público, compuesto en gran parte por nikkeis y personas mayores que vivieron la época de Los Doltons, lo ovacionó de pie. No solo celebraban al cantante, sino también al hombre que supo ser puente entre dos culturas —y muchas más— que se fusionaron para dar origen a nuestra Nación.

Que el recuerdo de aquellos años de guerra y de intolerancia no se repita. Sigamos siendo un país crisol de culturas, donde la memoria y la música nos recuerden que la diversidad es nuestra mayor fortaleza.


© La Razón