El infierno de Trump
Trump amenaza con el infierno en Irán, y el régimen de los ayatolas no se arruga, pese a que cada día es eliminado uno de sus generales. Ayer, el jefe de la inteligencia de la Guardia Revolucionaria. El presidente norteamericano vuelve a la carga con sus diatribas apocalípticas, ahora sacando pecho por la operación de la CIA para salvar al piloto del cazabombardero abatido por los iraníes. Una acción de película, con toda la mítica norteamericana, que nadie mejor que ellos saben airear. Solo que la operación deja al descubierto que, pese a jactarse el jefe del Pentágono de tener superioridad aérea sobre Persia, las guerrillas de la teocracia son capaces de derribar cazas tecnológicamente indetectables, o al menos eso decían. Y si con uno o dos aviones pueden montar una operación propagandística, cabe imaginar lo que podrían si, caso de una operación terrestre, un grupo de soldados USA cae por desgracia en una emboscada iraní. Mientras que Teherán tenga capacidad de respuesta, y parece seguir teniéndola, escalar el conflicto, como le propone Netanyahu a Trump, tiene riesgos por el momento incalculables, pues al ataque a las centrales de energía pueden contratacar los “mulás” golpeando las desaladoras de los regímenes del Golfo o saboteando la fibra óptica submarina que comunica a esta parte del mundo con el resto vía Internet.
Obviamente EE. UU e Israel están ganando la guerra, pero al no acabar con ella, la sensación que se transmite es la contraria. Con imprevistos como que, para evitar un caos petrolero mayor, se han tenido que levantar las sanciones sobre el crudo ruso, y también sobre el petróleo iraní. Se airea mucho que Ormuz tiene la llave del 20 por ciento del oro negro mundial, lo que es verdad, pero se olvida que por ese Estrecho pasan también alrededor de 7 millones de toneladas de aluminio procedentes de Qatar y Baréin, el 10 por ciento del global. El aluminio es básico para automóviles, transporte, construcción, electrónica, embalajes, etcétera. Y los precios del helio se han duplicado, tratándose de un gas escaso necesario para hospitales, cohetes, semiconductores, fibra óptica, pantallas de cristal líquido, aparatos de resonancia magnética o para el colisionador de hadrones del CERN, que investiga la fusión nuclear. A partir del gas natural, Qatar es el segundo productor mundial de helio, del que ya tienen escasez Corea del Sur, Taiwán y Japón, que representan el 20 por ciento de la producción planetaria de chips. Más de doscientos contenedores criogénicos de helio se están evaporado estos días en los barcos varados en la ratonera iraní. El bombardeo ayer por Israel del yacimiento de gas de Pars Sur, el mayor del mundo, compartido por Irán y Qatar, agravará las dificultades de suministro tanto de gas como de helio.
Sin olvidar los fertilizantes e insumos petroquímicos para medicamentos hoy atrapados dentro de los más de tres mil barcos, con 20 mil marineros, anclados en Ormuz. Alimentos frescos y productos perecederos se pudren en las bodegas. El agua empieza a faltar. Trump dijo que se iría del Estrecho y dejaría desamparados a los europeos, pero se ve que ya no piensa lo mismo y ahora nos anuncia el averno sobre Persia, sin que sepamos bien si tiene calculadas todas las opciones. La propuesta de paz iraní abre una puerta a la esperanza.
