Un importante mandato del resultado en Castilla y León
La reflexión postelectoral de Castilla y León reafirma la impresión inicial de una victoria del PP muy clara, y asimismo muy importante por sus consecuencias. Además de haber sido muy bien gestionada y liderada por el presidente Alfonso Fernández Mañueco. Son unas consecuencias de esa victoria, que van más allá de la propia comunidad autónoma para extrapolarse a la relación que debe establecerse entre dos formaciones, el PP y Vox, que están obligadas a entenderse por encima de las diferencias políticas existentes entre ambas. Que son conocidas y son las propias y normales derivadas de sus respectivas identidades políticas, obviamente diferentes entre sí. Pero lo que no es aceptable es que, siendo reiteradamente expresada la voluntad clara de los españoles en las urnas, las dos fuerzas en las que confían como alternativa al sanchismo, luego no sean capaces de gestionar ese mandato popular y democrático. Cayendo el PP en la trampa dialéctica del sanchismo de considerar una indignidad pactar con la «ultraderecha» cuando el PSOE ha pactado con los sucesores de ETA y con independentistas a los que ha indultado y amnistiado sin arrepentimiento ninguno por su parte, proclamando que lo volverán a hacer. Con la única finalidad de comprar políticamente sus votos en el Congreso, que les son imprescindibles para mantenerse en el Gobierno. Y en cuanto a Vox, actuando cual si su objetivo prioritario fuera el de liderar ahora la oposición al sanchismo, para liderar mañana el Gobierno, negándose entre tanto a pactar con quien a esos efectos considera su rival para conseguirlo. Lo que, además de ser un grave error, significa anteponer sus deseos a los de sus votantes, que en la actual sociedad española, polarizada y dividida por la estrategia del frente populismo sanchista para sobrevivir, está dividida entre el sanchismo y la alternativa al mismo, que hoy representan exclusivamente PP y Vox. Es esta una consecuencia que debe ser bien gestionada por ambas fuerzas y con prontitud, ante la evidencia de que tras el «No a la guerra» hay una voluntad clara de conseguir que las izquierdas «a la izquierda del PSOE» se coordinen entre sí para evitar la dispersión del voto, de tal modo que, como ha sucedido en Castilla y León, ese espacio se quede sin representación parlamentaria. O bien, que, como también ha sucedido allí, ese voto se dirija directamente al propio PSOE. Que ha sumado dos escaños más, perdidos precisamente por esas izquierdas de Podemos, IU y Sumar sin representación ninguna. Gabriel Rufián, que pretende liderar en sustitución de Yolanda Díaz una nueva plataforma que sustituya a Sumar, ha visto confirmada su necesidad, con este resultado. Alguien para representar esas «izquierdas unidas».
