La huida hacia adelante de Sánchez tras la pancarta del «No»
La actualidad internacional está monopolizada por la guerra en la República Islamista de Irán desde el pasado sábado, con la «Furia Épica» que desencadenó a las 9:40 am hora local en Teherán, un ataque que acabó con la cúpula del poder iraní islámico. Transcurrida una semana, ya se puede diagnosticar que el desenlace de la guerra no puede alargarse demasiado en el tiempo, ya que EEUU e Israel no van a permitir que sobreviva un régimen como el de los ayatolás, vigente desde 1979 al ser derrocado el sha Reza Pahlevi. Entre tanto, la política en España se centra en el «No a la guerra» de Sánchez, queriendo emular lo sucedido hace 23 años, que dio la victoria electoral a un PSOE dado por derrotado unánimemente. Bien es cierto que, sin el «11-M», la derrota estaba asegurada. De momento, con esa pancarta, el sanchismo parece haber encontrado lo que necesitaba para una «huida hacia adelante» de la lamentable realidad de un «Gobierno» incapaz de gobernar, limitándose a hacer todas las cesiones necesarias a su alcance, para seguir «instalado» en La Moncloa. En el ínterin, el debate se ha centrado en si Sánchez ha «cumplido su palabra» (….) de no participar en esa guerra ni colaborar con Trump, tras negar el uso de las bases de Morón y Rota a los estadounidenses, lo que la Casa Blanca ha desmentido afirmando que han mantenido conversaciones con autoridades españolas que les han asegurado «la voluntad española de cooperar». Albares ha negado «tajantemente» esa eventualidad, pero lo cierto es que Margarita Robles estuvo reunida con el nuevo embajador de EEUU, y España ha enviado la fragata Cristóbal Colón a Chipre, para apoyarla tras el bombardeo iraní a una base británica. Y deberá comparecer en el Congreso como era preceptivo y haberlo solicitado previamente. Para ello invoca que Chipre es miembro de la UE, y según establece el artículo 42 del Tratado comunitario, están obligados a esa cooperación, que, además de España, están dispuestos a efectuar también Italia, Francia, Grecia y Países Bajos. Como ni Trump ni Netanyahu permitirán la supervivencia de los ayatolás en el poder, la cuestión a decidir es si estarán dispuestos a poner «botas sobre el terreno», desembarcando fuerzas para una efectiva victoria militar. China y Rusia están expectantes acerca del final de esta guerra que les interesa como potencias con intereses en la región, preservados antes por los iraníes. Y el hijo de Jamenei no es la «Delcy iraní». Y mientras aquí, PP y Vox, incapaces de ponerse de acuerdo como sus votantes han decidido. Las «izquierdas» pactan rápidamente y lo de «las derechas» empieza ya a ser excesivo.
