Límite 25 días, Indiana Jones y las trampas de Sánchez
Harrison Ford, en el papel de Indiana Jones, en medio de la confusión de una pelea «en busca del arca perdida», responde a uno de sus compañeros que le pregunta cuál es el plan: «Improviso sobre la marcha». Donald Trump, con frecuencia, parece hacer lo mismo. El semanario británico «The Economist» cree que el ataque a Irán «es una guerra sin estrategia». Ahí está el verdadero peligro. El general estadounidense George Patton (1885-1945), con fama de incontrolable –agrandada por el cine–, pensaba más los movimientos: «Corremos los riesgos calculados –decía–, lo cual es diferente de mostrarnos temerarios». La operación, «Furia Épica» para los americanos y «Rugido del León» para los israelíes, contra los ayatolás sanguinarios de Irán debía ser fulminante, pero existe el temor de que se alargue. El límite está en los 25 días, que podrían extenderse hasta las cuatro o las cinco semanas. Es el tiempo que el estrecho de Ormuz puede estar impracticable. A partir de ahí, problemas para casi todos. Saad al-Kaabi, ministro de Energía de Qatar, ha dicho al «Financial Times» que la crisis bélica hará «tambalear las economías del mundo». Los exportadores de energía del Golfo cerrarán la producción en semanas si siguen las hostilidades y el petróleo podría dispararse hasta los 150 dólares. Algunos intentarán forrarse, pero el problema está ahí. El griego George Prokopiou, llamado el «bucanero» multimillonario, propietario de Dynacom Tankers, ha enviado cinco petroleros al Golfo y está decidido a correr los riesgos, transportar crudo y cobrarlo a precio de oro. Mientras, en España, Pedro Sánchez hace malabarismos, trampas incluidas. Es el paladín europeo del «no a la guerra», la némesis –dicen– de Trump. Persigue motivar a la izquierda con un «revival» antiamericano de la guerra de Irak de 2003. Hay una diferencia. Entonces, millones de españoles se manifestaron y se rebelaron contra un Gobierno que apoyaba la acción militar. No es el caso. Por otra parte, ahí están las trampas, Sánchez rechaza subir el gasto en defensa al 5% como quiere Trump, pero la mayor parte de los países europeos tampoco lo aumentarán tanto y, además, también vale el gasto en pensiones militares. La diferencia es que el inquilino de La Moncloa lo dice porque le conviene y los demás callan, pero hacen lo mismo. Algo similar ocurre con la fragata enviada a una guerra para no estar en la guerra. Ahora, más allá del límite de las cuatro o cinco semanas, Sánchez y casi todos parecen abocados a «improvisar sobre la marcha», como Indiana Jones.
