Infierno fiscal español para los ricos y que pague la clase media
Pablo Iglesias, en la eclosión de su carrera política, hace ya más de diez años, era contundente: «Yo creo que a la izquierda le iría mejor si, en lugar de prometer paraísos para los parias de la tierra, prometiera un buen infierno rojo para los ricos». En otras palabras, es más importante machacar a los ricos que intentar beneficiar a los menos favorecidos. De alguna manera, acaba de explicarlo también Gabriel Zucman, el francés que reclama un impuesto adicional a los ultrarricos. El profesor Rodríguez Braun leyó en The Wall Street Journal que el galo decía que «sería muy difícil que el pueblo soporte un sacrificio de cualquier tipo mientras los multimillonarios no paguen más impuestos». Es decir, el objetivo es imponer sacrificios a la clase media –más impuestos– y eso hay que justificarlo con la persecución, unas veces nominal, otras no tanto, a los ricos. La estigmatización, caza y captura de los millonarios ha sido, a veces, un deporte muy popular en algunas sociedades, entre las que destaca, con nota, la española. España es un país en el que la riqueza siempre ha sido sospechosa, sobre todo la de los demás.
Pedro Sánchez, ahora, justo tras los batacazos electorales del PSOE en Extremadura y Aragón, ha arremetido contra los «oligarcas» que frenan la redistribución de la riqueza en España. Feijóo, por ahora, ha eludido reaccionar, mientras que Abascal parece cada día más abducido por un neofalangismo que tampoco acaba de entender lo del dinero y la riqueza. Pablo Bustinduy, ministro, poco conocido de Sumar, de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, educado en las mejores universidades de Francia y Estados Unidos, aboga por la limitación del derecho de propiedad y por la implantación en España de la tasa Zucman, que reclama un impuesto del 2% a los patrimonios superiores a 100 millones de euros. El ministro no puede ignorar que, en España, los patrimonios superiores a cinco millones de euros ya pagan un 2% y que los que rebasan los diez millones tienen que apoquinar hasta un 3,75%, con bienes de un valor diez veces inferior al que propone el economista francés. El propio Zucman, en una entrevista publicada el domingo en El País, lo reconoce y aclara que con su propuesta «los milmillonarios españoles que ya pagan una cantidad decente no deberían pagar más». Otro asunto es que haya exenciones para eludir esos pagos, pero su tasa «no es un impuesto extra», insiste, aunque quizá Bustinduy no lo tenga tan claro, porque lo importante es prometer un buen infierno rojo para los ricos, como anunciaba Pablo Iglesias.
