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Europa aún es la solución, le guste a Sánchez o no

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14.02.2026

José Ortega y Gasset (1883-1955) lo dijo en 1910: «España es el problema, Europa es la solución», afirmó el filósofo un 12 de marzo, en una conferencia titulada «La pedagogía social como programa político». Reclamaba la europeización como regeneración tras el 98. Aquellas palabras se popularizaron y fueron un referente en tiempos de la II República y luego, en la Transición. Más de un siglo después, España no es el problema, quizá nunca lo ha sido, pero sí algunos gobernantes, actuales y de todas las épocas. Mariano Rajoy, en un pequeño libro titulado «El arte de gobernar», en el que recoge, a modo de pensamientos breves, muchas de sus ideas, escribe que «en política exterior todas las decisiones tienen consecuencias, aunque a veces estas se producen en el largo plazo».

La Unión Europea (UE), con las amenazas de Putin por un lado y de Trump por el otro, diferentes pero amenazas, sin olvidar a China, se juega su futuro para ser algo más que «un parque temático» para turistas. El consenso necesario de los 27 miembros para adoptar decisiones está a punto de saltar por los aires. Una Unión Europea de dos velocidades está encima de la mesa. Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, ha explicado que es posible porque los tratados permiten «la cooperación reforzada» entre una serie de países. Mario Draghi, el hombre que salvó el euro y autor de un informe sobre la competitividad europea, recomendó el jueves, sin matices, una Europa de dos velocidades si no se aprueban reformas de calado antes del verano.

El jueves, también, Pedro Sánchez estuvo ausente de una reunión de líderes convocada por Friedrich Merz y Giorgia Meloni para avanzar posturas sobre cómo eliminar barreras internas, como en el caso de la unión del mercado de capitales, simplificar regulaciones y permitir mayor integración en ciertas áreas sin las cortapisas actuales. Sánchez, un verso suelto y sin rima en la UE en asuntos de Defensa, Venezuela y con la última regularización –necesaria, pero quizá improvisada– de inmigrantes, ha sido gran ausente del acto «prefundacional» de lo que puede ser la nueva Unión Europea, la solución al más o menos estancamiento actual. Hay socios de Sánchez y otros extremistas, de izquierdas y derechas, que recelan de esa Europa de la que España estuvo alejada mucho tiempo, algo que se tradujo en retraso del desarrollo político y económico y, sobre todo, del bienestar general. La UE busca su futuro, y por difícil que sea, le guste o no a Sánchez, más que nunca «Europa es la solución», como decía Ortega.


© La Razón