El tigre catalán y el reto de doma de Arcadi España
Konrad Adenauer (1876-1967), primer canciller de la República Federal de Alemania, artífice del milagro alemán tras la II Guerra Mundial y uno de los «padres fundadores» de la Unión Europea, explicaba que «un método infalible para calmar a un tigre es dejar que te devore». La guerra, absurda, de Trump en Irán y el inicio de los juicios a Ábalos, Koldo y compañía, por una parte, y Kitchen, por otra, son los árboles que ocultan el bosque del día a día, en el que hay vida, mucha vida. Las elecciones andaluzas están a la vuelta de la esquina y serán el Rubicón que abrirá el tramo final de la legislatura. Es probable que sea recordada como la legislatura sin Presupuestos. Es lo que sugería el espontáneo y sincero «¡Ah!» que pronunció el nuevo ministro de Hacienda, Arcadi España, cuando le preguntaron por el futuro de unas cuentas públicas prorrogadas una y otra vez por su antecesora, María Jesús Montero, no sin algunas o bastantes trampillas técnicas, tan dudosas como heterodoxas, que han permitido parches presupuestarios por encima de los 120.000 millones de euros.
Pedro Sánchez, superviviente por encima de todo, no da puntada sin hilo. El gran reto de Arcadi España no es, sin embargo, alumbrar unos Presupuestos Generales, sino domar al tigre o a los tigres catalanes, sin que devoren al Gobierno y, sobre todo, las opciones de que el inquilino de la Moncloa prorrogue su contrato de alquiler. Sánchez, gracias al regalo de Trump con su guerra en Irán, piensa que está más cerca que hace un mes de acariciar el sueño de otro mandato. Le conviene, por una parte, que el conflicto armado se prolongue durante meses para sacar más rédito a su «no a la guerra». También necesita que Arcadi España, que para eso está en Hacienda, sin que quede clara su dependencia del vicepresidente Carlos Cuerpo, encarrile las exigencias fiscales catalanas. Es todo un reto, como aquel Sudoku imposible del que hablaba Pedro Solbes (1942-2023). Los «indepes» catalanes reclaman una soberanía fiscal casi absoluta en la práctica. Sánchez está dispuesto a concederles todo lo que sea posible, sin que eso suponga el destrozo total del sistema. Arcadi España afronta el desafío de hallar una fórmula que satisfaga a los «indepes» pero que no represente una cuasi independencia fiscal, como la del País Vasco, aunque pueda parecerlo. Es todavía más complicado que presentar los presupuestos y no se puede utilizar el método de dejar que el tigre te devore, como apuntaba Adenauer.
