Las piedras del eclipse
Hace poco recalé en Sos del Rey Católico, un precioso pueblo de casas de piedra perdido en las estribaciones de los Pirineos. Allí, por pura casualidad, nació el rey Fernando de Aragón. Hoy la villa no llega a los cuatrocientos vecinos, muchos de sus caserones se cierran en invierno, y es el turismo de interior el que mantiene a flote una economía que alimenta cinco restaurantes, un Parador y una pequeña constelación de albergues rurales.
Acudí a Sos para atender la invitación de una de sus asociaciones, «Tanto Monta», y participar en un coloquio sobre el grial con José Luis Corral, catedrático de Historia Medieval. Bajo un muro de contención de ocho siglos de antigüedad, acompañados de Jesús Pescador -lo más parecido a un trovador que he visto en mi vida- recordamos que el mito del Santo Cáliz nació muy cerca, en las terrazas del monasterio de San Juan de la Peña. En sus pagos se hablaba hace mil años de grazales (cuencos en el dialecto local) mucho antes de que Chretien de Troyes «inventara» el término grial. Se trata, pues, de tierras en las que sus leyendas y sus palabras se alimentan de gentes imaginativas, pendientes de lo sobrenatural y de lo mágico.
José Luis y yo teníamos un interés especial en examinar uno de los muchos ecos de esa fascinación popular por lo raro. Queríamos........
