La soledad del poder
En la puerta de entrada al infierno – descrita por el poeta italiano Dante Alighieri en el Canto III del Infierno y sus círculos tenebrosos, en su obra La Divina Comedia – reza una advertencia: ¡Vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza!
Este debería ser, quizás, el letrero que cuelgue en las puertas de Palacio de Gobierno, para que todos aquellos que – ufanos – ingresan en su interior ungidos con un cargo de poder o con la máxima investidura como presidente, tengan en cuenta que no les aguarda calma y paz, sino tempestades, noches en vela y mucha, muchísima soledad.
El poder tiene este lado oscuro que muchos piensan torcer o esquivar con argucias o cierta inmodestia intelectual. No es así. Propios y ajenos, caen estrepitosamente y son devorados por esta boca oscura del ejercicio del poder. Y no es solamente un adagio para los gobernantes bolivianos, sino que lo es para una enorme mayoría de los gobernantes poderosísimos del mundo. Desde los tiranillos que creen que concentrando poder zafarán de las tinieblas o de las almas nobles – que no existen – que creerán ingenuamente que ese escudo los librará de todo mal.
El poder, aunque sea mínimo, esconde un alto precio a pagar: la soledad. Y el mal uso de esta........
