La democracia y sus anticuerpos
Las democracias actuales viven bajo una paradoja permanente: son más fuertes de lo que a veces parecen, pero también más vulnerables de lo que sus defensores quisieran admitir. Su fortaleza no se mide por la ausencia de conflicto ni por la virtud moral de quienes ejercen el poder en cada momento. Se mide, sobre todo, por la capacidad de sus instituciones para resistir, corregir y encauzar los excesos del poder. Una democracia fuerte exige instituciones independientes, prensa crítica, sociedad civil viva y administraciones sometidas a la ley. Exige, en definitiva, una cultura política que entienda que el poder no pertenece a quien lo ejerce, sino a la comunidad política a la que sirve. No debemos confundir la calidad estructural de un sistema democrático con el uso concreto, coyuntural y a veces torcido que determinados gobernantes puedan hacer del poder; el poder puede ejercerse de forma polarizadora, sectaria, abusiva o despótica dentro de un sistema democrático,........
