Fontanales, un hombre con derecho a la memoria
Fontanales celebra el Día de San Bartolomé / La Provincia
Nació en La Habana de familia isleña como los miles que emigraron a la isla del Caimán dormido, para emplearse en cualquier trabajo u oficio que le permitieran matar el hambre y mandar pesos cuando valían casi a la par que el dólar americano. Se llamaba Tomás García Dominguez. Popularmente conocido por Tomasito. Embarcó para las Canarias cuando en una noche un cometa atravesó la Habana de punta a punta. Se sentía orgulloso de que Don Paco, maestro que se llamaban de vocación, le enseñara Matemáticas y la afición por la lectura que, desde joven, se convirtió en una fiebre por el saber. Por eso, aunque decía de sí mismo que era un campurrio, mauro del campo, fue un autodidacta que se levantaba sobresaltado de noche, con la palabra griega eureka en el pensamiento y la boca porque había resuelto un problema de trigonometría que le tenía a mal traer durante días. Raudo escribía la solución en un papel rasposo de los de envolver cosas en la tienda que defendía en el lomo del barrio de La Juradas. También escribía poesías dedicadas a su tierra, sus barrios, paisajes, paisanaje que defendía durante el tiempo que fue concejal del Ayuntamiento de la Villa de Moya. Mientras ejerció el cargo se impulsaron y ejecutaron obras como el pilar en el casco del pueblo. Por fortuna, antes de morir, pudo ver la carretera enchinada, por lo que desapareció, el rastro de polvo, piedras o barro que dejaban atrás los coches durante los 12 kilómetros que........
