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Oscar Domínguez vive aquí

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05.07.2026

Pérez Minik retratado por Pedro González. | | LA PROVINCIA/DLP / JUAN cRUZ rUIZ

En la vida de entonces, cuando vivíamos pendientes de lo que nos dijeran Domingo Pérez Minik, Eduardo y Maud Westerdahl de quién era Óscar Domínguez, sólo sabíamos de él que era un artista grande, insólito, un pintor llamado por la historia a ser considerado como genial e imperecedero. El silencio entonces podía más que la realidad, y estuvimos años sin Óscar Domínguez, o al menos sólo lo estábamos gracias a los bisbiseos.

Ellos, Minik, Westerdahl, Maud, sabían de su prestigio y de su presencia internacional, y de ello nos hablaban en voz bajas o en las madrugadas porque entonces Óscar Domínguez parecía hecho para ser, al final de su vida, alguien al que su tierra iba a despreciar. Los silencios marcaron la presencia de otros que, aquí o fuera, resultaron contrarios a los ganadores de la guerra. El talento fue parte del pasado y la mediocridad se hizo cargo de nosotros, así que Óscar Domínguez y muchos más quedaron presa del silencio.

Pasó el tiempo y vino, de pronto, la posguerra de veras, es decir, se acabó del todo (¿del todo?) Franco y se acabaron los fuegos de artificio de la tremenda censura que aquí y en toda España fue abriéndole paso a lo que había habido pero que fue silenciado. Aquí, por ejemplo, pasado el tiempo hubo incluso la oportunidad de darle a Óscar Domínguez un sitio grande en el primer museo de la isla, en Santa Cruz, que muy fugazmente alcanzó el nombre del pintor de Tacoronte. Pero perdió en seguida la oportunidad porque se dijo que había sido, en su vida parisina, sobre todo, un disoluto, alguien que podía merecer el honor de la pintura, pero no la calidad de su nombre propio en el museo........

© La Provincia