Humanizarnos
Terminé de leer El niño que perdió la guerra, de Julia Navarro, con la sensación de haber visto en la ficción un espejo doloroso de nuestra propia realidad. La novela retrata cómo el fanatismo convierte a personas comunes en engranajes de un horror frío y burocrático, lo que Hannah Arendt llamó la "banalidad del mal": esa ceguera donde la conciencia se adormece y la crueldad deja de ser un exceso para volverse un deber.A nosotros nos ha tocado protagonizar, una y otra vez, esa misma tragedia: permitir que las etiquetas de partido o de bando nos impidan reconocernos como lo único que verdaderamente somos: hermanos. Cuando el mundo sangra o la tierra tiembla es porque no hemos sido lo suficientemente pacificadores. La guerra, en cualquiera de sus formas, es un cáncer del alma colectiva.Lo vimos hace unas semanas. El país apenas empezaba a conocer a su nuevo presidente cuando la tierra se sacudió con violencia,........
