El nuevo orden energético: de la eficiencia al control, por Antonio de la Cruz
Por décadas, el sistema energético global se estructuró sobre una premisa que parecía incuestionable: la eficiencia era el principio rector. Las cadenas de suministro se optimizaron, los inventarios se redujeron al mínimo y la lógica del “just-in-time” se impuso como norma. El petróleo, en ese contexto, era una mercancía más dentro de un mercado global cada vez más integrado. Sin embargo, ese modelo —refinado durante más de medio siglo— enfrenta hoy una transformación profunda, impulsada por una realidad que el sistema había relegado a un segundo plano: la geopolítica del riesgo.
El punto de inflexión no ha sido un solo evento, sino la convergencia de tensiones estructurales. Entre ellas, destaca la creciente vulnerabilidad de las rutas críticas de transporte energético, particularmente el Estrecho de Ormuz. Este estrecho, por el que transita aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial, ha pasado de ser un simple corredor marítimo a convertirse en un símbolo de la fragilidad del sistema energético global. En un entorno donde la seguridad de tránsito depende cada vez más de la disuasión militar, la logística resiliente y la coordinación entre potencias, el mercado ya no puede interpretarse únicamente a través de los fundamentos tradicionales de oferta y demanda.
La historia energética ofrece paralelismos útiles. Durante la década de 1970, los shocks petroleros evidenciaron la dependencia estructural de las economías industriales respecto al suministro de crudo. Aquellos episodios dieron lugar a la creación de reservas estratégicas, a una mayor diversificación de fuentes y al fortalecimiento institucional de actores como la Agencia Internacional de la Energía. Sin embargo, el sistema que emergió de esta crisis asumía que, aunque el suministro podía ser interrumpido, las rutas globales seguirían siendo relativamente estables.
Hoy, esa suposición ha dejado de ser........
