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Luis Alberto Perozo Padua: Con tinta de petróleo se escribió la historia entre Estados Unidos y Venezuela

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El petróleo selló una relación de poder, concesiones y desconfianzas entre Washington y Caracas. Bajo Gómez, Venezuela entró al siglo XX atada al crudo y a las grandes potencias

Cuando el petróleo empezó a asomar en el horizonte venezolano, no lo hizo como una promesa nacional sino como un botín internacional. La relación entre Venezuela y Estados Unidos en el siglo XX no nació en embajadas ni tratados diplomáticos, sino en concesiones opacas, memorándums confidenciales y negociaciones que tenían más de intriga que de política exterior. Fue, literalmente, una historia escrita con tinta negra.

En mayo de 1910 arribó a Venezuela Lewis J. Proctor, representante de la Asphalt Company, heredera indirecta de los conflictos que la New York & Bermúdez Company había protagonizado durante el gobierno de Cipriano Castro. Aquella empresa, interesada originalmente en el asfalto, había comenzado a mirar con creciente atención el petróleo. Sin embargo, los problemas financieros de la Asphalt abrieron un vacío que fue rápidamente ocupado por Sir Henri Deterding, el poderoso jefe de la Royal Dutch Shell, quien tomó la delantera en la carrera petrolera venezolana.

Así comienza la prehistoria de una relación desigual: compañías extranjeras disputándose el subsuelo venezolano mientras el Estado —encarnado en la figura del Benemérito general Juan Vicente Gómez, presidente de Venezuela— observaba, calculaba y decidía según su conveniencia personal y política.

Lo verdaderamente inverosímil, como documenta con precisión Simón Alberto Consalvi en Venezuela y Estados Unidos a través de dos siglos, no fue solo la magnitud de las concesiones, sino la forma en que se otorgaron. Negociaciones privadas, conspiraciones cruzadas entre ingleses y norteamericanos, presiones diplomáticas directas y un régimen que jugaba a árbitro, pero también a socio silencioso. El petróleo no tardó en convertirse en un negocio familiar, y porque no, en un arma de chantaje.

Desde 1916, dos miembros clave de la dinastía gomecista se involucraron directamente en el negocio: José Vicente Gómez, el hijo, y Juan Crisóstomo Gómez, el hermano del dictador. Pero no fueron los únicos. Brian McBeth —fuente central de Consalvi— detalla una extensa red de beneficiarios: amigos, testaferros y aliados políticos que recibieron concesiones y privilegios “sin límites”, en palabras del propio historiador.

La diplomacia del crudo

Juan Vicente Gómez entendió pronto que el petróleo no solo era riqueza, sino blindaje. Los ingresos provenientes del crudo sirvieron para modernizar y fortalecer al Ejército, construir carreteras, enriquecer a su entorno inmediato y, sobre todo, neutralizar cualquier riesgo de intervención extranjera. Su política fue clara: amistosa aquiescencia con Estados Unidos y Gran Bretaña.

Ni siquiera la Primera Guerra Mundial alteró ese equilibrio. Aunque Gómez mantuvo la neutralidad formal, su pragmatismo petrolero fue inequívoco. En 1915, el entonces ministro de Fomento, el escritor Manuel Díaz Rodríguez, intentó separar jurídicamente las minas metálicas de los hidrocarburos. La iniciativa fracasó. Gómez prefirió sacrificar ministros considerados “pro-germanos” —como Díaz Rodríguez y Pedro Manuel Arcaya— antes que incomodar a los aliados.

El relevo lo asumió el médico Gumersindo Torres, nombrado ministro de Fomento, quien sentó las bases de una nueva regulación. Su diagnóstico fue lapidario: hasta 1918, Venezuela había recibido “muy poco o nada” de........

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