Reflexiones desde el EPICENTRO humano, por Iván López Caudeiron
El pasado 24 de junio, Venezuela no solo tembló bajo nuestros pies, sino que también estremeció las fibras más profundas de nuestra existencia. En cuestión de segundos, la realidad que creíamos inamovible se deshizo en fragmentos, recordándonos con una crudeza inapelable que todo cambia sin aviso, sin piedad. Ese instante fugaz nos enfrentó a la verdad desnuda: la vida, por compleja que parezca, es un delicado equilibrio suspendido en el tiempo. Nos vimos, entonces, en la fragilidad más absoluta, vulnerables ante la fuerza de la naturaleza que no pide permiso para reclamar su poder. No somos dueños del mundo; apenas somos visitantes en su vasto escenario. Esta lección, tan vieja como el planeta mismo, vuelve a resonar con fuerza cuando menos la esperamos, humillándonos con su magnitud y recordándonos que la soberbia........
