El oprobio como política, por @ArmandoMartini
No todas las guerras se declaran con bombas. Hay una más sutil, cruel, que se libra en el silencio de las omisiones, en el gesto que desprecia, en la palabra que anula. Esa otra violencia, la que, sin estrépito, desmorona el alma de un país, asomándola al abismo de una herida colectiva, pero también al resplandor de una exigencia que persiste, la de la dignidad recobrada.
Beligerancias que prescinden de lo explosivo, pero devastan el cuerpo y pulverizan la mente con igual ferocidad. La conflagración sigilosa de la desatención premeditada, la mueca arrogante y el vocablo humillante. En Venezuela, el menosprecio mutó de un simple exceso retórico a política de Estado. Vilipendio y subestimación ciudadana se elevó a fino instrumento de dominación. Su costo humano es una tragedia incalculable.
La nación padece una crisis humanitaria cuantificable en un éxodo bíblico y una macroeconomía hecha añicos. Sufre hemorragia del alma, complicada con epidemia de desesperanza, síntomas que ningún informe financiero, económico, social o político, logra........
