La triste orfandad de este deporte
Nueva York.— La mejor parte de que el Mundial ahora dure veinte días más (fuera de la situación en sí misma que, ya de entrada, es intrínsecamente maravillosa) es que tenemos tiempo de sobra para filosofar sobre asuntos relacionados con el fútbol que antes se nos quedaban por fuera de las cuatro semanas de rigor.
Justamente, tras ser bombardeado por múltiples vitrinas que insisten en querer venderme todo tipo de cachivaches, oficiales o no, de la FIFA que evidentemente no necesito, pero que mi mente corrompida por el capitalismo salvaje encuentra absurdamente apetecibles, caí en cuenta con no poca sorpresa de que hay una industria que parece nunca haberse inmutado en lo más mínimo ante el deporte más popular del mundo: la cultura.
Y es que, hasta la tan fabulosa como inesperada........
