Lo que el juego de la oca nunca enseñó sobre las finanzas personales
Lo que el juego de la oca nunca enseñó sobre las finanzas personales
Hay juegos que obligan a pensar cada movimiento y otros en los que la suerte tiene mucho que decir. Luego está el Juego de la Oca, que juega en otra liga. Su gracia reside precisamente en que el jugador no decide nada: simplemente se limita a lanzar el dado y acepta lo que venga. No importa la experiencia, la intuición o la capacidad para anticiparse. Si la tirada lleva a una oca, se avanza. Si aparece el puente, se cruza. Si toca el pozo, hay que esperar. Si la casilla es la cárcel, no queda más remedio que permanecer allí hasta que las reglas permitan continuar. Todo está escrito de antemano. El tablero marca el camino, el dado dicta el destino y el jugador se limita a cumplir las instrucciones.
Por eso resulta tan distinto de otros juegos. En el ajedrez cada movimiento abre nuevas posibilidades. En las damas, un paso en falso puede echar por tierra una partida magnífica. En el mus, saber cuándo envidar, pasar o echarse atrás forma parte de la estrategia. En el tute, elegir qué carta jugar o cuándo guardar un triunfo puede decidir la partida. Incluso en el parchís, donde el azar tiene un peso evidente, siempre aparece un momento en el que hay que decidir qué ficha........
