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¿Quién se atreve a votar contra el amor?

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15.03.2026

Un ciudadano ejerce su derecho en las urnas. / Efe

"Nuestra misión es que hablemos más de amor y menos de odio". ¿Adivinan quién ha dicho esta frase? Deben elegir entre alguno de los siguientes nombres: Jesús de Nazaret, Einstein, Florentino Pérez, Joaquín Sabina, Donald Trump, Teresa de Calcuta o Pedro Sánchez. Si aciertan a la primera, habrán ganado el premio del primer Foro contra el Odio, celebrado en Madrid el pasado miércoles. Y si fallan, no pasa nada: lo importante es intentarlo. Pero antes de conocer la respuesta, demos un pequeño rodeo con otra pregunta: ¿a cuál de los personajes citados le sentaría mejor esa frase, la de que debemos hablar más de amor que de odio? Mi elección —por este orden— hubiera sido: Jesús de Nazaret, Teresa de Calcuta, Einstein, Sabina, Florentino y Trump. Ah, disculpen, se me olvidaba Pedro Sánchez, nuestro presidente del Gobierno.

"Pues precisamente ha sido él, Pedro Sánchez, quien la ha pronunciado —nos respondió ella, la que siempre lee la letra pequeña—. Lo escuché en Madrid el pasado miércoles durante la inauguración de la primera Cumbre Internacional contra el Odio. Y algo debieron de significar esas palabras, porque el auditorio entero rompió en aplausos". El resto del grupo escuchábamos mientras apurábamos el café, la cerveza, el té rojo y los pinchos del mediodía. "¡Maldita sea! ¿Pero cómo hemos fallado? No estamos al día", se lamentaba nuestro carpintero en tono jocoso. "Solo por esa frase —intervino el cuentacuentos del grupo—, debería pasar a la historia. Porque si la hubiera pronunciado Donald Trump, seguro que ya estaría reivindicando el Premio Nobel de la Paz. O, en este caso, el del Amor. Al fin y al cabo son dos caras de la misma moneda: no hay paz sin amor, ni amor sin paz".

Nos quedamos en silencio, apurando el café y el resto de consumiciones repartidas en las mesas. Tras la pausa, siguieron las reflexiones, algunas para enmarcar: "Los razonamientos son impecables, casi poéticos —dijo la doctora del grupo—, pero falta llevarlos a la práctica". Y dirigiéndose a mí añadió: "Recuerda lo que escribiste el domingo pasado en el periódico provincial: una cosa es predicar y otra dar trigo". Entonces levantó la mano nuestro filósofo de cabecera, que siempre saca punta a todo: "¡Ay, amigas y amigos! Lástima que en el mundo real, fuera de las cumbres internacionales y los aplausos de auditorio, el amor no pague las facturas ni el odio se cure con un eslogan".

Como yo me mantenía en silencio, acabaron tirándome de la lengua. Mencioné entonces una frase del médico y conferenciante Mario Alonso Puig que todos deberíamos tatuarnos: "Las palabras tienen un enorme poder para sanar y también un enorme poder para enfermar. Por eso debemos hablarnos con cordialidad y cariño, incluso en los momentos más difíciles de la vida". Y recordé también las palabras de uno de los grandes psicólogos de la historia, el norteamericano William James: "Eres tú, con la forma en que te hablas cuando te caes, quien decide si te has caído en un bache o en una tumba".

Hoy es día de elecciones autonómicas. Ya sé que usted lo sabe, pero por si acaso. Yo iré a votar, como siempre. Usted haga lo que estime conveniente. Pero recuerde: si se queda en casa, pierde el derecho a quejarse cuando el "trigo" no llegue.

Vaya a votar. Y si puede ser con amor, mucho mejor que con odio.

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