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Las lágrimas del Padre Kenneth

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13.03.2026

Club LA OPINIÓN-EL CORREO DE ZAMORA. / Alba Prieto / LZA

Los sacerdotes también lloran. Yo he visto emocionada llorar a un sacerdote de ébano por fuera y marfil por dentro. He visto cómo sus ojos se anegaban y cuando ya no podían soportar el peso de las lágrimas, las he visto resbalar por sus mejillas, mientras su voz, ligeramente quebrada por la emoción, por la pena, por la angustia, por el dolor, iba ofreciendo su testimonio de vida, de esperanza y de fe.

Los sacerdotes son seres humanos con emociones, con miedos, con dudas, con cansancio, con penas, con alegrías y con mucho trabajo porque la mies es mucha y los obreros son pocos, y lloran, ya lo creo que lloran, en silencio, en soledad, conmovidos profundamente por el dolor humano. Ese dolor y la cercanía de la muerte fueron los detonantes que hicieron aflorar las lágrimas que vertió, como si fuera agua de un manantial, el Padre Kenneth Chukwuka.

Sucedió el pasado martes, en el transcurso del Club de La Opinión donde ofreció, siempre con una sonrisa que se le eterniza a flor de labios, el testimonio del drama de la inmigración. El drama que tantos africanos, muchos de ellos nigerianos como el padre Kenneth, viven a lo largo y ancho de esas singladuras imposibles que van del infierno al purgatorio. Las aguas de la mar océana son voraces. Es el reino del Neptuno romano y el Poseidón griego, que gustan de cobrarse en vidas, un peaje por surcar sus aguas.

El Padre Kenneth ha mirado de frente a la muerte, ha sentido su roce. No había llegado su momento y su fuerza, su lucha y su fe, le convirtieron en un superviviente agradecido. Sólo Dios, el de la Cruz, el de la Pasión, el de la Muerte y la Vida podía ser el destinatario de su gratitud y de un ofrecimiento que hizo realidad en España: convertirse en sacerdote para servir al prójimo, para ayudar a sus compañeros de alzacuellos, para crear una Ong "Hope Emeka" destinada a promover proyectos de desarrollo en Nigeria para generar empleo y oportunidades, combatiendo así las causas de la emigración forzada. El Padre Chukwuka se ha convertido así en un referente en la atención a migrantes.

La del sacerdote nigeriano es una historia real de humanidad, de vulnerabilidad, de superación, de esperanza, de fe y de seguimiento a Cristo, su Salvador.

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