Esta mañana está más triste el sol
Esta mañana está más triste el sol
Se ha muerto el hombre que amaba los árboles y el mundo es un lugar infinitamente peor. Se ha muerto el hombre que amaba los árboles y, como cantan Enrique y Ana desde que se nos fue el amigo Félix antes de tiempo, esta mañana está más triste el sol.
Se ha muerto el hombre que amaba los árboles y la poética de Aristóteles, y me ha dejado convertida en una plañidera sufriente. Una dolorosa con minúsculas. Una escribidora corriente y moliente que pena por no ser Jorge Manrique, por no saber plasmar el duelo de la orfandad en unas nuevas coplas a la muerte del padre.
"Recuerde el alma dormida, /abibe el seso y despierte /contemplando/ cómo se pasa la vida /cómo se viene la muerte". Mi yo doliente recuerda bien a mi madre recitándolas de pe a pa. Hasta que la cruel enfermedad del olvido se llevó la poesía allá donde vaya a parar todo lo que la memoria olvida.
El hombre que amaba los árboles y el Ars Amandi de Ovidio recordaba cada libro leído, cada árbol plantado. Recordaba a los hijos infatigables a su lado, los amigos y a la familia. Recordaba todo sobre Grecia y Roma. Y recordaba dónde queda la Judería de Toro en una tarde de vagabundeo en la que no fuimos capaces de encontrar cierta conocida chocolatería.
El chocolate con churros a la vejez es un volver a ser niño. Y quién no querría volver a ser niño, regresar al punto de partida de esta fascinante carrera de obstáculos que es la vida. Quién no desearía empezar de nuevo. Sobre todo, cuando se ha........
